Salud Comunitaria

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¿POR QUÉ DEJO QUE ME PEGUE?
En las ultimas semanas, todos hemos escuchado en alguna ocasión testimonios y noticias sobre el trato que reciben algunas mujeres por parte de sus parejas. También es verdad de que no siempre este trato es producido exclusivamente por ellos sino también por otros miembros cercanos de su familia.
La palabra maltrato es mencionada por los medios de comunicación como forma de definir una situación en la que la mujer permite durante años vivir completamente sometida a una persona. Cada vez que aparece una mujer asesinada o lesionada en manos de su marido todos nos estremecemos, pero también es verdad que nos preguntamos “por qué deja que le haga eso”. Estos pensamientos surgen en más de una ocasión en las personas que actuamos como observadores, expresiones como “yo no permitiría nunca que nadie me diese una bofetada” surgen inmediatamente después de que nos enteramos que se ha producido una nueva agresión de violencia doméstica.
Todos estamos de acuerdo en que, generalmente, la mujer es la víctima y el marido el agresor, pero cuando criticamos a la víctima por haber aguantado esa situación, lo que estamos haciendo es volver a agredirla, la estamos convirtiendo nuevamente en una víctima.
A continuación voy a intentar esbozar brevemente el por qué una mujer, que aparentemente no tiene necesidad alguna de aguantar estas situaciones, lo hace. En ello han influido diferentes factores: el entorno familiar en el que la mujer creció, el nivel de autoestima que posea, el apoyo familiar que recibe, la percepción que tenga de las relaciones de pareja y la sociedad en la que viva.
Intento que comprendamos a las víctimas de agresiones domésticas, que las apoyemos y que no les exijamos conductas y actitudes que bien no han aprendido o que no las saben aplicar.
Si nos fijamos bien, este tipo de agresiones van asociadas a las relaciones amorosas por lo que la forma en que ellas perciben este tipo de relaciones es diferente a otras mujeres. La víctima percibe las relaciones como amor romántico. El amor romántico se ha inculcado en la educación de las niñas, las adolescentes y las mujeres en general. Desde las telenovelas pasando por los millones de novelitas “rosas” siempre encontramos la misma estructura: conquista, amor deslumbrante, apasionada entrega interrumpida por terribles desencuentros, malentendidos, obstáculos de todo tipo, impedimentos gravísimos y, después de grandes sacrificios y transformaciones, llega el final, donde todo se aclara y se encamina a una gloriosa felicidad. Las ideas acerca de este tipo de amor que nos han inculcado se caracterizan por:
- La entrega total.
- Hacer del otro lo único y fundamental de la existencia.
- Vivir experiencias muy intensas de felicidad o de sufrimiento.
- Depender del otro y adaptarse a él, postergando lo propio.
- Perdonar y justificar todo en nombre del amor.
- Consagrarse al bienestar del otro.
- Estar todo el tiempo con él.
- Pensar que es imposible volver a amar con esa intensidad.
- Desesperar ante la sola idea de que el cónyuge se vaya.
- Sentir que nada vale tanto como esa relación.
- Pensar todo el tiempo en el otro, hasta el punto de no poder trabajar, estudiar, comer, dormir o prestar atención a otras personas “no tan importantes”.
- Prestar atención y vigilar cualquier señal o signo de altibajos en el amor o el interés del otro.
- Idealizar a la otra persona, no aceptando la existencia de ningún defecto.
- Sentir que cualquier sacrificio es poco si se hace por amor al otro.
A esta forma de concebir el amor, le sumamos una autoestima baja o desvalorización. Muchas circunstancias familiares responden a un contexto social estructurado a partir de la inferioridad y marginalidad de la figura femenina. Se establece un círculo vicioso en el que las experiencias negativas vividas en la familia se intensificarán por los factores sociales y culturales que establecen la discriminación
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Gafas y Salud Visual

Gafas y Salud Visual
El siguiente artículo nos habla sobre la importancia del uso de gafas para proteger nuestra salud visual a la hora de practicar deportes, exponerse al sol, al polvo, etc. Y así evitar dolores de cabeza y otros padecimientos...
Generalmente consideramos las gafas como algo simple, un mero complemento para nuestro rostro, sin brindarle la atención que en realidad merecen. En ocasiones, la mala calidad del producto puede traer aparejados ciertos problemas que en muchos casos son irreversibles, es por ello que les ofrecemos una serie de consejos que pueden resultar útiles a la hora de realizar una elección.
De acuerdo a una investigación, se considera que en España alrededor del 70% de los cristales que se venden anualmente no cumplen con las condiciones que establece la Comisión Europea en cuánto a normas de seguridad.
Un punto principal a tener en cuenta, es el uso que se les va a dar, ya sea para conducir, para la práctica de deportes, como así también en la nieve, etc. Existen diferentes tipos, que a la vez presentan una amplia variedad de colores, en este momento no nos tenemos que guiar por la moda sino más bien por las ventajas que ofrecen, por ejemplo los de color amarillo permiten un mejor contraste en los días nubosos y con niebla, los de color verde se distinguen por reducir la luz visible sin afectar la visibilidad, entre otros modelos.

Todo lente debe brindarnos, entre otras características, una cobertura frontal y lateral, es decir adaptarse en perfecta forma a la cara, y otorgarnos un alto grado de protección contra los rayos ultravioletas, que en un ambiente nevado suelen ser más peligrosos que los del mar o la arena.
Les recordamos que algunos dolores de cabeza y diferentes fobias a la luz son producidos por productos que no disponen de los correctos filtros para el resguardo de la nociva luz, por lo tanto es imprescindible observar las indicaciones que brinda el folleto o la etiqueta del fabricante, para poder disfrutar de todas las actividades en ambientes al aire libre.
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El cepillo de la salud
Una correcta limpieza incluye el uso de hilo dental y el cepillado, al menos, dos veces al día durante dos minutos
La preocupación por la higiene bucal es cada vez mayor, pero aún persisten muchas dudas e inseguridades acerca de cómo, cuándo y cuánto hay que limpiar la dentadura para evitar las caries, enfermedad que, según el último informe de la Fundación Dental Española, sufren cuatro de cada diez niños, proporción se eleva a siete de cada diez al llegar a los 12 años. La infancia es el momento crítico para adquirir unos correctos hábitos de higiene bucodental que los padres deben ayudar a mantener, junto a la costumbre de acudir una vez al año al dentista para revisión.
La infancia es el momento crítico para adquirir unos correctos hábitos de higiene bucodental
También es importante limitar la ingesta de azúcar para favorecer la duración de la dentadura natural, que permite masticar con mayor facilidad y una mejor digestión. Cepillarse los dientes cada día es un hábito más que recomendable y que además, se puede realizar de forma rápida y sencilla. Se deben emplear dos minutos para frotar todas las piezas y repartir la tarea en tres pasos: cepillado, hilo dental y enjuague bucal.
Afecciones bucodentales
- Placa. Conjunto de bacterias que hay en la superficie de los dientes y de las encías. Tiene forma de película incolora y pegajosa, se deposita sobre los dientes y es la principal causa de las caries y de enfermedad de las encías.
- Sarro. Es la placa bacteriana endurecida. Cuando se encuentra en la base del diente, sólo lo puede eliminar el dentista con una limpieza. También se puede formar en el borde de las encías y debajo de éstas, lo que irrita el tejido gingival. Su color es marrón o amarillento.
- Caries. Una higiene bucal deficiente permite que se acumulen en la boca restos alimenticios que producen ácidos que destruyen el esmalte. Estos restos, principalmente azúcar, alimentan a otros microbios que atacan la estructura debilitada de los dientes.
- Enfermedad periodontal. Es una patología crónica causada por la placa bacteriana y que conduce a la pérdida de soporte periodontal de los dientes, es decir, del hueso en el que éstos se sujetan y de las encías. El tabaco agrava esta enfermedad.
- Mal Aliento (halitosis). Aproximadamente, el 40% de la población padece o ha padecido halitosis debido a una higiene bucal incorrecta o a enfermedad de las encías, entre otras causas. Este problema disminuye con un buen cepillado y una limpieza profunda con hilo y enjuague bucal.
Cuidar los dientes durante toda la vida
- A partir de los seis meses. El cuidado de los dientes comienza justo después de aparecer la primera pieza, en torno a los seis meses. A esta edad no es necesario el uso del cepillo ni del hilo dental, pero es conveniente asear los dientes y las encías con una gasa húmeda después de tomar biberón o comer alimentos. La primera visita al dentista llegará a los dos años y servirá para comprobar el desarrollo correcto de la dentadura y que el niño o niña se familiarice con los buenos hábitos bucales.
- Desde los seis años. Hasta esta edad y cuando comienzan a caerse los dientes de leche se debe emplear una pequeña cantidad de pasta dentífrica con bajo contenido en flúor y un cepillo de cerdas suaves. Los padres deben enseñar los detalles de un correcto cepillado y concienciar a sus hijos e hijas de la importancia de la limpieza dental diaria.
- En la adolescencia. En esta etapa los hábitos de higiene bucal ya se han adquirido y es imprescindible cepillarse los dientes, al menos, dos veces al día: a la mañana y a la noche. La pasta dentífrica tiene que tener un mayor contenido en flúor y el uso del hilo dental es necesario para eliminar la placa acumulada entre los dientes.
- Etapa adulta. Las buenas costumbres adquiridas deben mantenerse de por vida, junto a las revisiones periódicas al dentista, y extremarse en el caso de las personas mayores. En esta etapa, disminuye la producción y secreción de saliva, cuya función es estabilizar el ph de la boca (grado de acidez), controlar la aparición de placa bacteriana y aportar calcio y flúor.
Cepillo, pasta e hilo dental
Son los tres aliados de la higiene bucal, siempre que se adapten a las características dentales de cada persona.
- Cepillo. Su función es eliminar los restos de alimentos y las bacterias sin dañar el esmalte. Debe ser ergonómico, con mango antideslizante, cerdas suaves y cabeza pequeña para llegar a todas las zonas de la boca y, especialmente, a las muelas. Quienes tienen dificultades para cepillarse, pueden recurrir a un cepillo eléctrico. Hay que sustituirlo por uno nuevo cada tres meses o cuando las cerdas estén estropeadas.
- Pasta dentífrica. Ayuda al cepillo a acabar con la placa. Es importante que contenga flúor y pequeñas dosis de abrasivos como la silica u otros, que ayudan a remover las manchas.
- Hilo o seda dental. Sirve para limpiar entre los dientes y eliminar la placa depositada en este espacio y debajo de la encía. Su acción se complementa con los enjuagues con elixires y soluciones antisépticas, pero en ningún caso sustituye al cepillado.

Cómo cepillarse los dientes paso a paso
Lo ideal es cepillarse los dientes después de cada comida y, sobre todo, durante la noche. Mientras se duerme, las glándulas salivares producen menos saliva y los dientes están menos protegidos frente a los microbios. Un correcto cepillado incluye movimientos cortos y suaves, con especial atención a la línea de la encía, los dientes posteriores de difícil acceso y las zonas situadas alrededor de obturaciones, coronas y otras reparaciones. Hay que seguir los siguientes pasos:
- 1. Limpiar las superficies externas de los dientes superiores e inferiores con movimientos verticales. Para ello, hay que inclinar el cepillo unos 45° contra el borde de la encía y deslizarlo desde ese borde hacia delante, con una ligera presión.
- 2. Limpiar las superficies internas de los dientes superiores e inferiores, con los mismos movimientos e inclinación del cepillo que en el paso anterior. Ésta es la limpieza que más suele descuidarse, por lo que tiene mayor importancia.
- 3. Cepillar las superficies de masticación de cada diente con movimientos cortos hacia atrás.
- 4. Frotar las muelas con movimientos circulares para despegar de los pliegues cualquier resto de alimento y bacteria. Hay que limpiar tanto la superficie con la que se mastica, como la cara interna y externa.
- 5. Emplear hilo dental para eliminar cualquier resto que quede entre los dientes, donde no llega el cepillo. Hay que cortar un trozo de hilo, enrollar los extremos en los dedos medios e introducirlo tensado en el espacio interdental. Se deben seguir las curvas de los dientes y deslizar la seda suavemente hacia arriba y hacia abajo hasta llegar a la encía, con cuidado para no dañarla.
- 6. Pasar el cepillo suavemente por la lengua ayuda a eliminar bacterias y mantener un aliento más fresco.
- 7. El enjuague con elixires refuerza la limpieza.
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